En 1988 viajé con una amiga a San Francisco de Macorís, nos fuimos directamente desde INTEC. Nuestro viaje estaba calculado al chele escapándosenos tan solo un detallito: la guagua no llegaba a Macorís. De eso nos enteramos ya en la estación… “Eh hombe… en el camino nos la buscamos”... Y así lo hicimos!
En la carretera los letreros anunciaban el tramo a San Francisco. Picándole los cuatro ojos al chofer lo convencimos de que nos dejara en el Cruce de Controba. ¡Ya eran las 10 de la noche!, y este dúo que a lo más había salido del cine Naco a las 12am, se bajó al mismo medio de la nada y cual película de dos chicas surf, y se fajó a pedir bola. Nos recogió una camioneta, llegamos a Macorís. Final feliz.
Historias como esta tengo varias: el concierto de Silvio en Monte Cristi cuyo programa incluyó desde transporte en motoconchos, camionetas y patanas hasta dormida en una de las casas de la carretera con una familia exquisita que nos recibió con los brazos abiertos (primera vez que los veíamos y no los hemos vuelto a ver); aquella vez camino a Romana en mi Fiat Punto al cual cayendo en un hoyo se le pincharon las dos gomas delanteras; no se habían terminado de desinflar y ya teníamos a la orden a tres individuos, que al igual que las historias anteriores jamás habíamos visto ni hemos vuelto a ver, quienes nos llevaron en su vehículo hasta un gomero.
Todas historias de ir de un pueblo a otro contando con la buena fe de los camioneros, los choferes de patanas, los motoconchistas, los guagüeros y los habitantes…
Hoy, 24 años después, de sólo pensar en la posibilidad de que cualquiera de mis hijos tome riesgos como éstos se me arruga el alma. Los riesgos de hoy hacen sombra a los recuerdos de un ayer definitivamente más seguro.
Hoy, las rejas, el encierro, la oscuridad y soledad en las vías públicas son la escenografía de nuestros barrios, pueblos, carreteras y caminos.
Expertos estiman que las pérdidas por causa de la delincuencia en el transporte de carga rondan los 30 billones de dólares al año y la mayoría de las investigaciones de estos robos derivan en casos relacionados al crimen organizado, lavado de dinero y terrorismo (www.fbi.gov).
De ahí lo imprescindible de enfocarnos en actividades que garanticen el mínimo de seguridad en la ruta. Los viajes de los camiones de carga representan una ruleta rusa tanto para la carga como para el chofer. Nuestro desafío y nuestro deber es lograr la protección de ambos a través de las buenas prácticas que nos ayuden a mitigar estos riesgos, colaborando al mismo tiempo con la seguridad de toda la ciudadanía. No podemos regresar a la República Dominicana de los 80´s pero sí podemos devolverle al dominicano un pedacito de esa tranquilidad que la delincuencia le ha arrancado.
PD Y de las bolas… No, gracias! La Metro llega, por suerte, a casi todas nuestras ciudades, y en mí ruta, la norma es seguir derecho y sin parar hasta mí destino.


Muyyy buenooo!
Gracias Marisol!
Excelente articulo!! Un 100 para quien oo escribio!!!!
Gracias Raysa! Yo lo escribí. Y ahora soy tan aprehensiva con mis hijos…
Excelente artículo !!! Nos han robado la tranquilidad, la ingenuidad, la credibilidad y peor aún, se la han robado a nuestros hijos que no han tenido la oportunidad de disfrutar la vida como lo hacíamos en aquel tiempo.
Gracias Yokasta! Este fin se semana Fer fue al Festival con amigas mías muy queridas (yo estaba en función) y yo me despedía de ella como que iba para la guerra. Son tiempos muy distintos.
Excelente Patricia!!!
Gracias Rosanna!
Excelente articulo Patricia!!! Sin desperdicios. Yo sali una vez de Neon y me fui a pie a mi casa (bastante lejos) a las 3:00 am como si nada.
Neon!! Entrábamos y salíamos como si fuese nuestra casa!
Muy bueno y certero tu artículo, Patricia.
Gracias Claudia. Qué época aquella, de lo que se están perdiendo nuestros hijos 🙁